
Eso es lo que afirma Richard Williamson, el hombre al que Ratzinger le levantó la excomunión impuesta por Juan Pablo II por negar el holocausto, sin haberse arrepentido nunca. Está bien, el Papa no puede dejar de sentir empatía por alguien con ideas afines a las propias durante su juventud. La excomunión no debería ser aplicada por pequeñeces tales como negar el holocausto, otra cosa es si intentan legislar sobre el aborto o si bancás el matrimonio gay.
El comando apuesta a que si en lugar de haber pronunciado la frase que titula el post el flamente Obispo nazi hubiera dicho que "Ningún judío fue muerto en la cruz", no sólo seguiría excomunado sino que probablemente estarían intentando restituir el viejo y querido Malleus Maleficarum.

